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Además hay una pequeña serie que me entretiene bastante: Relatos del General
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Varias personas me han comentado que sus preferidos son:
Ultimas voluntades y Personajes Históricos V que, por cierto, a medida que me alejo de éste último me va gustando más.
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jueves, 2 de diciembre de 2010

Últimas voluntades

Mi cuerpo, chiquito siempre y hoy aun mermado, cabría cómodamente en una cajita de galletas, así que ni muy profundos ni muy grandes, quiero que se caven dos hoyitos en el suelo. Uno que lo hagan acá mis hijos, en el país que me acogió de mejor o peor forma, y que siento también como mío. Otro mis hermanos, allende el océano, en la tierra que me vio nacer y que cada día me llama.
Quiero que mi estomago sea enterrado acá. Uno no es tonto y se acostumbra rápido a comer tres veces diarias, se acostumbra a que haya leche todas las mañanas y a la carne a diario. No quiero que de mi tumba salga el quejido de un estómago hambriento.
Quiero que mis brazos, los dos, sean enterrados junto a la choza en la que nací, que ayuden a allanar suelos, a levantar paredes y a cubrir con tejados, no sólo mi hogar, además los hogares de todos mis compatriotas. Total, aquí mis brazos nunca fueron valorados en su justa medida, quizá porque se podían sustituir sin perjuicio por los brazos de otro.
Allá también que sea enterrado el poco cabello que me queda, con la esperanza de que enraíce y vuelva a crecer en aquella tierra más fertil.
Mis piernas deben descansar juntas, pero no consigo decidirme: que caminen por callecitas limpias y bien iluminadas, de suelos regulares y bonitos edificios, o bien que paseen por caminos de tierra, rodeadas de cabañas, tropezando si es de noche, pero siendo saludadas a cada paso, reconocidas. Hay días que prefiero lo primero y otros lo segundo. Deberán decidir mis herederos. 
Quiero que en cada hoyito echen un ojo y una oreja, para poder seguir viendo a los míos, que están aquí y allá, para seguir escuchando los cantos, las voces y los lloros de ambos lados, tan distintos y tan la misma cosa. 
Mi garganta y mis pulmones pueden tirarlos en el mar intermedio, porque ni acá ni allá mi voz ha sido escuchada. Quizá los peces me hagan más caso.
Mi corazón, ¡ay!, mi corazón quiero que sea divido en dos, y que cada mitad descanse en uno de los agujeros, echando de menos a la otra mitad y al otro lado. Así las nostalgias serán repartidas. Quiero que el lado derecho sea enterrado acá, para que reciba la sangre, y el lado izquierdo allá, para que la reparta y emane del suelo oxigenada.
Mi piel arrugada, prueba innegable de mi vejera, que ha sido la frontera entre yo y el mundo que me ha rodeado, mi lengua y mis labios, mi sexo y la punta de mis dedos guárdenlos, se lo ruego, hasta el día en que muera la mujer a la que amé, y si ella no se opone, póngannos en la misma cajita.
Mi pecho me lo llevo como escudo, para plantar la última batalla a la muerte que me espera.
Sólo quedan, pues, dos cosas: 
Entierren acá mis recuerdos.
Entierren allá mi memoria.

11 comentarios:

Bicefalepena dijo...

Me apunto como custodio de tremendas voluntades.
Qué belleza y qué ilustre herencia.
Un abrazo

Torcuato dijo...

Este relato de últimas voluntades es un cúmulo de originalidades. Me gustó mucho, pero, vaya un curro para los que quedan.
Un abrazo.

Sibreve dijo...

Me alegro de que os gustara. La verdad que lo iré retocando, porque lo he publicado apenas leyéndolo dos veces y a mí también me da un poquito la sensación de cúmulo. Habrá que homogeneizarlo.
En cuanto al trabajo, Torcuato, no hay de qué preocuparse, Bicefalapena se lo ha echado ya a la espalda :D.
Gracias a ambos por pasaros.
Abrazos.

Maite dijo...

Creo que este es un bonito homenaje al emigrante. Un fuerte abrazo.

Sibreve dijo...

Gracias, Maite. Surge, como muchos de mis relatos, de una conversación. Un señor que llevaba casi veinte años en españa y se jubiliba ahora me comentaba que no sabía si quedarse acá o volver a su país. Yo le recomendaba los veranos aquí y los inviernos allá. Y el relato sólo precisaba un pasito más allá.
Saludos.

MCH dijo...

Hola compañero: Tu relato sencillamente memorable. La saudade es lo que tiene. A ver si nos vamos reagrupando. Un abrazo.

cotidianoapocalipsis dijo...

le dan a uno ganas de morirse para dejar escrito algo así.

Sibreve dijo...

Gracias, Mariano, que sea memorable es un honor, que lo sea para ti, dos.
Cotidianoapocalipsis (uf), ¡qué susto me has dado!. Me has hecho salir a la calle y preguntar a una abuelita que si me veía y que si era opaco o translúcido y me ha tranquilizado... no, no he muerto. :D
Muchas gracias por tus palabras y por pasarte.
Abrazos a ambos.

Tiovivo dijo...

Impresionante, un merecido reconocimiento.

Sibreve dijo...

Muchas gracias, Tiovivo (qué mareo :D)
A mí el reconocimiento también me parece no sólo merecido, si no necesario. Dejando de lado la aportación y otras discusiones, sólo la valentía que requiere irse merece reconocimiento.
Bienvenido/a.

Elisa dijo...

Muy poético y muy bello, Hugo. No sé si ya estará retocado o no, yo no le cambiaría ni una coma.