Si vienes sin mucho tiempo, permíteme que te recomiende:
Ni tanto y Autobiografías Son los que más me gustan.
Además hay una pequeña serie que me entretiene bastante: Relatos del General
Por último, te invito a seguir el juego, si quieres como un comentario, si quieres en otro lugar: Despertares
Varias personas me han comentado que sus preferidos son:
Ultimas voluntades y Personajes Históricos V que, por cierto, a medida que me alejo de éste último me va gustando más.
Y si has llegado hasta aquí buscando nanorrelatos sólo porque el nombre del blog es NANORRELATOS, te dejo aquí algunos reunidos: Nanorrelatos

domingo, 18 de noviembre de 2012

lunes, 10 de septiembre de 2012

viernes, 31 de agosto de 2012

Oppus Peregrinantium

De la ceca a la meca.
De la ceca a la meca.
De la ceca a la meca.
De la ceca a la meca

Inicialmente disimulaban, pero cuando sus idas y venidas terminaron por producir el surco delator, decidieron aunar las dos instituciones.

lunes, 27 de agosto de 2012

Mar en calma


¿Así de negra será la muerte? No hay luz alguna cuando los ojos de los demás se han apagado. 
¿Será así de silenciosa? No escucho nada. Ni mi respiración siquiera.

Mi madre lleva a Idrissa envuelta en una manta sobre el torso. Avanzamos por un camino de tierra. Improvisa una canción efímera. Su voz es dulce. Un susurro apenas. Calma el llanto hambriento de Idrissa. Mi hermana no ha aprendido aún que de nada sirve llorar.
No lo aprenderá, no tendrá tiempo.
Yo quiero liberar mi mano asida y correr pese al cansancio, pese a que el suelo reseco, cuarteado, me hiere la planta de los pies. Quiero. Mi madre me lo impide. Sabe que el camino hasta la posta es largo y es mejor reservar energía.
Me agarra fuerte.
Y canta a Idrissa.
Suave. 

...Tanto silencio. ¿Me habré quedado solo en el mundo?
Grito, no pidiendo ayuda, no con la esperanza de que alguien acuda. Grito para escuchar mi voz, para cerciorarme de que puedo seguir escuchando algo.
Mi voz.

El abuelo se sienta a la puerta de la casa, en un taburete. Con los pies remueve el suelo, mezcla de ceniza y tierra. Tiene la mirada perdida lejos, muy lejos, en un lugar donde ni llegar se puede. Más allá del horizonte. Más allá del cielo. Sus ojos anegados de negrura transparente, legañosos.
Le pregunto qué mira y me dice que a su mujer, a sus padres. Me coloco a su lado, observo donde él observa pero no veo nada.
Me da miedo pensar que el abuelo pueda ver a los muertos. Él sonríe, me pasa el brazo sobre los hombros. 
- Pasará tiempo aún hasta que puedas mirar hacia adentro.
La voz del abuelo es grave, profunda, cavernosa.
El abuelo es lento.
Frágil.
Anciano.
Su voz, poderosa como la noche.

La sensación de ingravidez inicial se va tornando en agotamiento. El cuerpo comienza a pesarme. Las olas arrastran algo que me golpea en la espalda.
Me giro pero no puedo verlo. Todo sigue tan oscuro.
No puedo.
No quiero tocarlo.
No puedo.
Peso tanto.
Peso.

Mi padre me despierta, me coge en brazos y salimos.
Camina alejándose del pueblo. La noche es clara y sólo el barro delata la lluvia reciente. A nuestro alrededor todo es negro perfilado de luz lechosa y parece que el mundo estuviera bajo el agua.
Mi padre camina rápido. Me cuesta seguir sus pasos. No habla. Yo quiero preguntar dónde vamos, pero tampoco digo nada.
Poco antes de que comience a clarear mi padre se aparta del camino. Me explica que ahora los animales callan y esperan que el sol aparezca. Saben que no pueden vivir sin él y por eso aguardan con máximo respeto su salida.
Y es cierto.
Tanto es el silencio que puedo escuchar el pensamiento de mi padre. Oigo su pena pesada como el cobre. Me aprieto fuerte contra su cuerpo y por un momento mi calor, el cielo de plata y el olor a tierra húmeda hacen desaparecer la tristeza. Pero el olvido es ligero como una telaraña, y el dolor lo atraviesa casi de inmediato.
- Confío en ti, ya eres un hombre-, me dice, y yo no entiendo.
En otro momento me hubiera sentido orgulloso, pero aquel día no me reconforta su confianza.
El sol aparece en unos minutos.
El mundo se llena otra vez de sonido.
Volvemos de nuevo a casa.
Mi madre llora todo el día, e Idrissa, que apenas puede respirar, que nunca habla, durante un momento canta.
Al día siguiente mi padre no está. No volveré a verlo.

Pam pam, pam pam, pam pam. Mi corazón late tan fuerte que parece el sonido de un dejembé.
Pam pam, pam pam. Me hundo e intento luchar, pero ni bracear puedo.
Pam pam. Mis pulmones tratan de tomar aire, pero se llenan de agua salada y siento como si me desgarraran por dentro.
Pam pam, pam pam. Me convulsiono. El cuerpo me arde bajo el agua.
Pam pam. Una luz se abre camino en las aguas oscuras.
Pam, pam. Creo que lloro.
Pam. Todos me esperan.
Pam, pam, pam. Me siento traquilo, sosegado
Más que nunca. Pam. 

Idrissa llora. Mi esposa le canta como a mi hermana muerta cantaba nuestra madre. Le  susurra palabras de consuelo. Suave. Su canción alegre alimenta a nuestra hija. Pam. La sacia.

Pam. 

lunes, 6 de agosto de 2012

La levedad del pasado.

Hubo días inadvertidos, días que permitimos que escaparan entre los dedos sin tratar de asirlos siquiera. Eran buenos tiempos, transcurrían casi inapreciables, de una felicidad sosegada.
Llegará un día (quizá no hoy, quizá no mañana, pero llegará un día) en que volverán a nuestra memoria. Nos los acercará una luz, un olor, un sonido y entonces intentaremos recuperarlos. Los reconoceremos entonces como los mejores días de nuestra vida.
Y a veces es imposible recuperar la memoria.

martes, 31 de julio de 2012

Sobre la inutilidad de la labor literaria.

Piensa el microrrelatista en cesar en su empeño perpetrador. 
La literatura tiene una utilidad igual a cero.
A fin de cuentos, compañeros, la mierda siempre sale por el culo.

A vueltas con los recuerdos.





Paso convulsivamente las fotografías de mi viaje a Siria. Y donde digo Siria podría decir Argelia o Líbano o Egipto. No busco, como otras veces, paisajes ni monumentos, arquitectura ni arqueología. No busco siquiera rememorar sabores tras las imágenes de las comidas que nos sirvieron.
Busco calles corrientes, edificios comunes. Me pregunto si aún seguirán en pie.
Y personas que nos acogieron, nos abrazaron, nos sonrieron. Y niños que se pegaban por ser fotografiados. Y pienso si su lucha buscaba, de manera inconsciente, el que hubiera una prueba de que una vez pasaron por esta mierda de mundo. 
Tan poco valen hoy sus vidas.





 


miércoles, 18 de julio de 2012

Cuestión de tiempo







No descanses  No te fíes de tu actual abundancia  ni te
sientas  seguro viviendo  dentro de la  jaula de oro que
ocupas Repito No descanses No duermas apenas Es
mejor qué tu sueño se perturbe y la conciencia te re
cuerde los muertos que equilibran tu existencia
Piensa en ellos sus miserias sus heridas
sus hambres Ellos trabajan para ti sus
hijos trabajan para ti no lo olvides
Tu confort no es tan barato co
mo te parece ahora Alguien
tenía que pagar por ello
Recuerda No obser
ves impertérrito
el ocaso de
los otros 
Sus gri
tos,
que
no alca
nzaban el 
espacio inso
norizado que ha
bitas,  ahora te  en
sordecen No es posible
simular que no los oyes por
que han llegado  hasta  tus  pies 
y siguen gritando  Escucha Escucha
los Escucha Percibe  con pánico  los gri
tos de los caídos: en nada serán los tuyos tu
propia queja tu propio grito Porque puede que
no sea ahora pero en  un segundo en una década
en   un año  mañana  mismo  es cuestión  de tiempo,
siento  decirte, que  antes o después  también  serás
indistinguible  furiente hambriento uno más de los de 


abajo

lunes, 18 de junio de 2012

Adolfo y Angela



- ¿Ves? Grecia, Portugal, Irlanda... ahora acabamos con España mientras empezamos con Italia.
- ¡¡Main Gott!! Lo que estoy aprendiendo.